Fascinante y sorprendente es el Museo del Vidrio y Cristal de Málaga. Dedicado a la obra manufacturada de alta, o muy alta, calidad, su lema bien podría ser: “Lo bien hecho, bien parece”. Alberga más de 3.000 piezas de técnicas muy diversas: mobiliario, cerámica, pintura, platería y todas las llamadas artes aplicadas.
Destaca sobremanera su colección de vidrieras con autores tan destacados como Burne-Jones, William Morris o Violet-le-Duc, y aún más su colección de piezas de vidrio y cristal que abarca desde el Egipto antiguo, Roma, el mundo musulmán, el veneciano, el centroeuropeo renacentista, la Granja, hasta el novísimo diseño nórdico, sin olvidar el fantástico siglo XIX y XX. Destacan los cristales de la firma James Powell & Son (Whitefriars), la mayor colección fuera del Reino Unido se encuentra en el museo malagueño y la actividad de autores como Lalique (con otra gran colección), Webb, Gallé y Alvar Aalto entre otros muchos.
El museo se alberga en una casa del siglo XVIII convenientemente restaurada y adaptada que permite recordar el espíritu doméstico burgués de la época y con la ayuda de los guías (la visita siempre es comentada en varios idiomas) sumergirse en la fascinación del coleccionismo de las pequeñas cosas bien hechas.
Firmar tiene en el Museo del Vidrio y Cristal de Málaga una connotación peligrosa. Firmar una pintura, una vidriera, sólo es dibujar una superficie; el estampillado marca un mueble; pero cristal y vidrio fusionan pequeño tamaño y fragilidad. El museo presenta soluciones: la firma pintada (vidrieras), impresa (jarrón Richarson), prensada con molde (Thomas Webb, Alvar Aalto), dibujada con hilos vítreos (Gallé) o tallada con cincel y martillo (Lalique). Entre todas destaca una firma, g Lloyd, en menos de 4 milímetros. ¿Cuántas quebraron antes de concluir?